El vacío lo es solo en apariencia
- Patricia Montalbán
- 2 mar
- 1 Min. de lectura
Actualizado: 24 mar

Desde muy pequeña me ha fascinado e inquietado, a partes iguales, la inmensidad del universo. Recuerdo contemplar en un atlas geográfico las ilustraciones del sistema solar y, en concreto, una imagen de Saturno; misterioso, taciturno, retratado en su soledad. Cada vez que la miraba, tomaba conciencia del abismo del espacio exterior: un vacío inabarcable.
En 1990, el telescopio espacial Hubble comenzó su misión de exploración del espacio para retratar el universo por primera vez en la historia. Cinco años más tarde, en 1995, captó la que probablemente sea su fotografía más importante: la “Hubble Deep Field”. Esta imagen supuso una especie de viaje en el tiempo, ya que se descubrieron una gran multitud de galaxias en distintas fases de evolución, de diferentes tamaños, colores y formas. En ella se atisban millones de años de historia del cosmos.
Fue el retrato más profundo del universo hasta la fecha, hito de gran interés para la comunidad científica y la historia de la humanidad. Pero resulta aún más interesante la forma en la que se realizó. El proceso habitual consistía en apuntar hacia el objeto de estudio y, después, tomar la fotografía. Sin embargo, para la “Hubble Deep Field”, el equipo de investigadores encargados del Hubble decidió hacer algo diferente: apuntar a la nada y ver qué encontraban.
Apuntar a la nada, en el mayor de los vacíos. ¿Y cuál fue el resultado? La constatación de que el “vacío” lo es solo en apariencia.
Texto publicado por Patricia Montalbán bajo licencia de CC BY-NC-ND 4.0
Autoría de la imagen: R. Williams (STScI), the Hubble Deep Field Team y NASA
Fuentes consultadas: hubblesite.org y xataca.com
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